Escribo porque olvido… 7 Octubre, 2007
Posted by Sui in Usar y tirar.13 comments
… y alguien lee porque no evoca suficiente.
Es un verso de Cristina Peri Rossi que hoy leí en alguna parte. Y yo añado que memoria de lo leído queda poco, luego, después del tiempo. Tanto y tanto leído, tanto y tanto vivido, y luego no somos más que el poso secreto y minúsculo que quedó de lo vivido, lo vivido por otros -y así tal vez leído- y lo imaginado.

La memoria. Esa impostora. Lo que somos, lo que fuimos, lo que creímos ser. ¿Qué diferencia hay?
Vivimos impregnados de una humedad que se queda en los resquicios, que se filtra subrepticiamente hasta la médula de los huesos. Y a veces importa más lo que olvidamos y lo que nunca llegamos a vivir. Ya lo escribí en otro lugar:
Una sueña cosas, situaciones, deseos por cumplir.
Repentina y sorprendentemente, esas imágenes te hacen sentir.
Y los sentimientos son muy reales, muy concretos, sólidos. Qué eficacia.
Esos sentimientos se resumen en, simplemente, algo así como felicidad.
Y acabo diciéndome…
Vivimos impregnados de algo que nos hace felices, nos llena, sin estar siquiera, de algo que no es real, no existe, no lo puedes tomar, o guardar o tocar… algo que podría no ser nunca.
Llámalo sueño, futuro, expectativa… llámalo historia por venir, premonición, previsión…
Al final, después del tiempo, la memoria real tiene la misma textura en tu cerebro que cualquier buen sueño.
Y pensarás, después de todo, fui feliz…
Es inevitable. Me pasé la vida estudiando hasta los 27 años. Olvidé casi todo lo que aprendí en las aulas, menos el primer aliento: leer y escribir. A partir de ahí, ya pude soñar todo lo que quise.
Y así fui haciéndome la vida. La mía con gestos de mentiras soñadas, con ilusiones de otros que cruzaron sus miradas o sus letras con mis ojos, con vivencias que tal vez no fueron tal como las veo ahora.
Qué más da, si fui feliz.
Me pasaré el resto de la vida olvidando lo innecesario, encubriendo lo equívoco, guardando las medias verdades. Siempre inevitable.
Y escribiendo cosas que tal vez le sirvan a algún desmemoriado, empezando por mí misma.
No imagino lo que debe ser olvidar el propio nombre. Ahí, ya se acabó. Unas letras sin memoria y adiós.