jump to navigation

Eternidades mirando ombligos 30 septiembre, 2007

Posted by Suigeneris in Usar y tirar.
15 comments

Me sorprende que haya personas que se aferren a la idea de permanencia, de eternidad. Esto sale al hilo de los comentarios a la primera entrega de esta columna, que nada tenía que ver con la eternidad, salvo por aquello que pongo del sexo como ese pequeño diablo que nos regala la ilusión de ser trascendentes y eternos en este mundo efímero…

Durante instantes, sí, hay tantas cosas que nos hacen creer tan importantes, tan ombligo de todo lo que acontece. No acontece, de hecho, nada más en el mundo que nosotros, durante esos instantes, y, si me apuras y, espero que se me entienda, durante toda nuestra vida, pues no nos queda otra que ser nosotros y nadie más y vivir nuestra vida.

El caso es que no, no me digan que no somos efímeros porque lo somos. No me lo discutan. Es bien simple, y quien no lo quiera ver se engaña doblemente. Primero, porque no admite que desapareceremos y un día, antes de lo que sospechamos, no quedará ni rastro de nosotros, y segundo, porque tampoco se da cuenta de la sensación de sentirse parte dinámica dentro de una sucesión de ciclos repetidos eternamente. Esos sí, eternamente… quizá.

Y es que si nos ponemos a hacer filosofía de andar por casa, creerse tan importante es como no verse más que el ombligo, o, como mucho, el ombligo del vecino, o de la novia, que, siento decirlo, también es efímero. Sobre todo ese, el de la novia…

ombligo

El amor, esa fantasía personal e intransferible que se nos disuelve entre las manos, pero que hasta el momento de desvanecerse nos echa miguitas en el suelo para hacernos caminar hacia alguna parte. Es el amor, en cualquiera de sus manifestaciones, lo que nos hace desear la eternidad, rechazar lo efímero. Lo que nos engaña, quizá para hacernos soportable el abismo de cualquier final.

Y es sobre todo entonces, cuando estamos enamorad@s, cuando creemos con amor, cuando nos sentimos más eternos que nunca mirándonos la punta de la nariz.

Y el ciclo se repite y se repite, pero nosotros nos vamos y otros llegarán.

Siempre llegan otros. Otros ingénuos que se creerán eternos.

Ah, pero la magia existe. Y la flor es más hermosa si sabemos que es efímera. Somos así de contradictorios… y más.

Anuncios